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La mediación

Mediación en Dependencia y Discapacidad

Los cambios sociales han venido acompañados de un incremento progresivo de la población en situación de dependencia, al crecimiento de la población de más de 65 años hay que añadir el fenómeno del «envejecimiento del envejecimiento», es decir, el aumento del colectivo de población con edad superior a 80 años, que se ha duplicado en sólo veinte años, por otro lado encontramos también un incremento en situaciones de dependencia y discapacidad por razones de enfermedad y otras causas distintas al envejecimiento, producido por las tasas de supervivencia de enfermedades crónicas, alteraciones congénitas y las derivadas de la siniestralidad vial y laboral.

La familia ha sido la que tradicionalmente ha asumido el cuidado de las personas dependientes, pero los cambios sociales y en el modelo de familia introducen nuevos factores en esta situación (normativa legal, profesionales e instituciones que prestan servicios, …), un nuevo contexto en el que aparecen conflictos que pueden poner en riesgo las condiciones de vida y los cuidados de las personas con algún grado de dependencia o discapacidad.

 

En este nuevo escenario la mediación tiene como cometido dar protagonismo a las personas para que sean autoras de sus propias soluciones, en relación a la persona dependiente o con discapacidad, cuando se produce un conflicto, ya que la idea de protegerla se asocia a identificar que no está en condiciones de decidir, así, los conflictos más comunes que se producen son:

 
  • Dificultades de la persona dependiente o con discapacidad para tomar decisiones sobre su propia vida.

  • Desacuerdos entre familiares respecto a la organización de los cuidados de la persona dependiente o con discapacidad.

  • Problemas con los profesionales o las instituciones que prestan servicios a la persona dependiente o con discapacidad.

La mediación como herramienta de intervención con la persona dependiente o con discapacidad ayuda a cambiar este paradigma, ofreciendo la mediación como una manera más racional de resolver los conflictos en lugar de la judicialización, considerando a la persona dependiente o con discapacidad ciudadano de pleno derecho, lo que requiere un cambio de mentalidad orientado a la participación y al empoderamiento de este colectivo.