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El paso del tiempo en la respuesta emocional ante la ruptura. El valor de la mediación.

Atyme- Ruptura de pareja

Las transformaciones sociales que se han producido en todos los países modernos, incluida España, y su incidencia en el cambio familiar han supuesto una mayor aceptación social de la diversidad familiar y el avance hacia una sociedad cada vez más multicultural (Ayuso, 2019). Estos cambios enriquecedores han resultado ser también una fuente de conflictos, y cuando la pareja tiene problemas muestra un menor nivel de disponibilidad afectiva para interactuar con los hijos e hijas, lo cual podría indicar una carencia importante en el desarrollo y adaptación de los menores (Markman y Leonard,1985).

La estrecha relación entre el funcionamiento de la pareja y la interacción entre los progenitores y sus hijos/as nos indica la necesidad de tener en cuenta los problemas que surgen en la pareja a la hora de prevenir los problemas en la relación familiar. En los momentos críticos, puede resultar muy efectivo recibir ayuda para saber cómo manejar o afrontar determinadas situaciones, evitando así circunstancias poco deseables para el mantenimiento de la paz familiar.

España es el segundo país de la Unión Europea con mayor tasa de divorcios. Tal y como indican los datos, de cada diez matrimonios, siete acaban en divorcio; y de cada nueve parejas que se separan, cinco tienen hijos/as menores, estimándose que, cada año, unos 150.000 niños/as se verán afectados por el divorcio de sus padres. Además, como la edad de las parejas que se separan o divorcian es cada vez mayor, hay un elevado número de hijos/as mayores que no están contabilizados. A esto habría que añadir la inexistencia de datos en el INE relativos a las parejas de hecho, una opción de convivencia que ha ido en aumento y de la que no hay constancia. En los procesos de guarda, custodia y alimentos de los hijos/as de estas parejas de hecho —o de personas que no han sido pareja— nos encontramos con situaciones conflictivas que se unen a las presentadas por las parejas cuyos datos sí constan en la estadística.

A pesar de los cambios sociales y legales que han incidido en materia de familia, y en los que ATYME ha participado activamente —como puede ser propiciar que la corresponsabilidad de ambos padres sea una realidad, y  separar lo que significa la ruptura de la pareja respecto de la labor de cuidado de los hijos/as (Bernal y colb., 2017)— aún quedan pendientes muchos avances en materia de familia hasta que logremos adaptarnos a la idea de la dinámica familiar evolutiva y cambiante, como pueden ser romper la tendencia a emplear la vía judicial en la resolución de conflictos familiares, principalmente cómo seguir cuidando de los hijos/as cuando la convivencia de pareja ha terminado.

La Fundación ATYME lleva más de 36 años trabajando con parejas que han decidido abandonar la convivencia. La toma de decisiones sobre cualquier aspecto de nuestra vida suele estar íntimamente vinculada al sustrato emocional adherido a nuestra conducta y a nuestro sistema de creencias, formadas en un contexto temporal concreto. Pensamientos, conductas y emociones están íntimamente ligados y suelen ir linealmente vinculados a la norma vigente de cada momento social, lo que indica que las emociones nos ayudan a organizar los cambios del mundo que nos rodea —en ocasiones caótico— poniendo orden a las distorsiones que nos genera a diario lo establecido culturalmente. Las emociones, pues, servirían como aval de cohesión social que nos permite construir un sentimiento de pertenencia al grupo.

Todo acontecimiento se produce en escenarios concretos y a lo largo del tiempo, lo que implica que la medición de sus efectos no solo debe tener en cuenta los cambios que se producen en los individuos, sino también los cambios que se producen en la sociedad que enmarca la vida de esos individuos. Las intervenciones de los profesionales adolecen de este mismo problema: que se refieren a individuos, en un marco ecológico determinado, en el que el individuo es un sistema individual inmerso en un sistema de sistemas de nivel jerárquico —progresivamente superior— que cambian (a distinto ritmo) con el paso del tiempo (Bronfenbrenner, 1987).


El grupo de estudio con el que estamos trabajado lo componen las parejas que se han separado a lo largo de los últimos diez años haciendo uso de la mediación, pensando que la información obtenida sirva para guiar los pasos a la hora de acompañar a las nuevas familias en esta situación tan particular.

La doble experiencia de ATYME, tanto en la atención directa a las parejas que se están separando como la obtenida en las investigaciones realizadas en este campo (Bernal y colb., 2012- 2017), nos anima a presentar este nuevo estudio, con el deseo de que aporte información significativa sobre el efecto del paso del tiempo en las parejas que van a separarse, pero continúan con la empresa común de cuidar de sus hijos e hijas.

Nuestras preguntas están encaminadas a conocer el impacto de esta situación difícil; es decir, a entender cómo han vivido la ruptura, y cómo esta ha repercutido en sus vidas, en sus hijos e hijas y en su relación social, así como a comprender qué ha significado el uso de la mediación en dicha experiencia. El impacto lo hemos analizado desde un enfoque cognitivo conductual, entendiendo que los afectos y la conducta de una persona están determinados, en gran medida, por el modo que tiene esa persona de estructurar el mundo (Beck et al., 1983; Beck, 1990), es decir, que existe una estrecha relación entre la manera en que una persona interpreta un acontecimiento, el sentimiento que experimenta y el comportamiento que pone en marcha, por lo que una buena manera de conocer cómo se sienten las personas puede consistir en recoger información de sus respuestas a tres niveles: emoción, cognición y conductas. Es decir, qué emociones han experimentado, qué pensaron cuando las experimentaban y qué hicieron ante esa experiencia vivida. (Ellis y Grieger, 1981).

Este estudio pretende arrojar luz sobre distintas variables: lo que las personas sienten ante la ruptura, sus dificultades, sus éxitos y la superación de esta, detalles que las estadísticas globales pueden llegar a ocultar. La información que se obtenga será muy útil para enfocar el acompañamiento a las nuevas parejas que vayan a pasar por esta circunstancia; en resumidas cuentas, actuará de medida preventiva para evitar el efecto negativo del conflicto en las familias.

Proponemos la mediación como una opción preventiva que ayuda a que las normas legales puedan ser respetadas y a que ese respeto se mantenga a través del tiempo, ya que los individuos han decidido responsabilizarse de su cumplimiento (Bernal, 2017).

Pensamos que los padres pueden acordar qué es lo mejor para sus hijos e hijas, y lo que necesitan en la mayoría de las ocasiones es un acompañamiento —que es lo que ofrece la mediación— para aprender a manejar sus emociones, reflexionar, escuchar y comprender lo que la otra parte dice (aunque no lo comparta), para así alcanzar juntos un acuerdo sobre cómo seguir cuidando a sus hijos e hijas.
 

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