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Una reflexión personal sobre el 2º encuentro del Grupo de trabajo Mayores en Casa

En el Grupo de trabajo sobre Mayores en casa hemos ido identificando todas aquellas ventajas que consideramos que conlleva mantenernos en casa cuando somos mayores. 

Hemos hablado de independencia, de la seguridad que nos aporta gozar del espacio de nuestra propia casa y del barrio en el que nos movemos, de disponer de horarios flexibles, administrar nuestros tiempos, mantener nuestras aficiones y la capacidad de decidir en cada momento lo que queremos hacer. 
También somos conscientes de que van apareciendo dificultades para las que necesitaremos apoyos para irlas solventado en nuestra casa. 

Existen ya recursos a los que se puede acceder y que son ofertados tanto desde el ámbito público como del privado, fundamentalmente, a través de los servicios de la Dependencia que ofrecen las comunidades autónomas, los ayuntamientos y entidades privadas. Los recursos en dependencia son: servicio de prevención y promoción de la autonomía personal, servicio de teleasistencia, servicio de ayuda a domicilio, servicio de centro de día, prestación económica vinculada al servicio, prestación económica de cuidados en el entorno familiar y prestación económica de asistente personal. 
Todos estos recursos se están rediseñando y configurando continuamente para mejorar su prestación, pero es necesario reconocer que existen diferencias en función del entorno en el que te encuentras, ya sea rural o urbano, y en la comunidad autónoma en la que vivas. 

Añadiría un elemento que está poco desarrollado en la configuración de los mismos y es, no tanto la realización de la tarea que cada servicio conlleva, como tener en cuenta a la persona a la que el servicio va dirigido. Es decir, lo que se viene denominando que la persona esté en el centro aunque, a pesar de ser este un deseo manifestado por los prestadores de estos servicios, está costando que se convierta en una realidad. 
 

Esto me lleva a otra idea que ha ido surgiendo en el segundo encuentro del grupo: los cambios mentales que se producen en la persona mayor, los cambios en las interrelaciones familiares, los cambios en los hijos, cómo se maneja el hecho de que nadie quiere depender de otro y convertirse en una carga, combinado con el hecho de que se necesita el apoyo de los demás, cuidar y/o acompañar… 
Sabemos que se producen cambios en esta etapa de nuestra vida, como sucede en la infancia, la adolescencia o la edad adulta, pero ¿cómo es esta última etapa? ¿la conocemos?, ¿estamos informados y formados en ella? ¿Cómo se abordan los cambios, las pérdidas de las amistades, de los proyectos de vida? 

Esta información y formación se hacen necesarias para las personas que van a realizar los servicios que necesitaremos para apoyar nuestra permanencia en nuestra casa, pero es fundamental que también sean conocidas por nosotros, los mayores, y por los familiares y sus allegados cercanos.

Las personas mayores mencionan que lo que más desean es que vayan sus hijos a verlos, tener su compañía, pero también sabemos las dificultades que surgen en las relaciones con sus hijos a pesar de ese deseo de verlos. El que se haya producido un cambio en los papeles relativo a la toma de decisiones —durante mucho tiempo ejercido a la inversa— genera conflicto en ambas partes de cara a asumir su nuevo rol. Cada uno de los protagonistas tiene que conocer y reconocer su momento vital y el del otro para mantener una relación adecuada y de confianza en esta etapa de la vida. Se hace imprescindible entender lo que me está pasando y entender al otro para, a partir de ahí, poder colaborar.

Ana Isabel Carnero, jurista y mediadora colaboradora de la Fundación ATYME.

 

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